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D/H

Help_Chile: "La tarea", 1/2


¡Hola! Aquí traigo mi fic de help_chile, dedicado a la maravillosa KrispySly, que fue tan, tan generosa como para ofertar 35 dólares por él. Krispy, guapísima, como pediste, aquí te traigo un Albus/Scorpius. He intentado cumplir con todos los detalles: Scorpius con gafas y en Ravenclaw, Albus en Slytherin, Rose como mejor amiga de Scorpius, un Hugo genio en pociones como mejor amigo de Albus... ¡Espero de corazón que te guste! Muchísimas gracias por ayudar tanto a Chile.

Título: La tarea
Fandom: Harry Potter
Personajes: Albus, Scorpius, Rose, Hugo.
Género: Romance, ligero angst (son adolescentes, al fin y al cabo lol)
Rating: R
Resumen: McGonagall, como todos los años, tiene un proyecto para potenciar la unidad de las Casas. A Scorpius no le hace mucha gracia verse emparejado con Albus Potter.
Disclaimer: Este fic lo he escrito yo, pero su dueña es KrispySly ^^ Los personajes son de Rowling. Y no he obtenido beneficio económico alguno, el dinerito se ha ido a Chile. 

La tarea

Para ser chica –y no precisamente corpulenta-, Rose Weasley tenía una fuerza considerable.

-¡Suéltame! –gruñó Scorpius, intentando quitársela de encima.

-Sólo esta vez –suplicó ella.

-Que no, que me haces daño.

-Bah, no seas exagerado.

-Quita, no seas pesada –dijo, poniéndose bien las gafas y asegurándose de que el libro que tenía en sus manos no había sufrido ningún desperfecto.

-Pero es que es enorme. ¿De verdad quieres ir por ahí con eso en la cara y que todo el mundo se fije en ti y piense “dios mío, qué cosa más horrible”?

Scorpius sabía que Rose exageraba –era propensa a ello-, pero aun así no pudo dejar de sentir una ligera inquietud y, de mala, gana, le dejó vía libre. Rose sonrió como si le hubiera hecho un regalo y después sus ojos se volvieron decididos, implacables. Un instante más tarde Scorpius hizo una mueca al notar las uñas de Rose presionando viciosamente el punto negro que afirmaba haber visto en su barbilla.

-Auch.

-¡Listo! Mira. Mira si era enorme.

Scorpius le apartó la mano y se frotó la barbilla.

-No seas asquerosa, Weasley.

Una risa tras él le demostró que Johnny Corner había presenciado toda la operación.

-¿Para qué te dejas?

-No me dejo, me ha asaltado –se defendió Scorpius.

Johnny se sentó en el sofá con ellos. Era Buscador del equipo de Ravenclaw, mientras que Rose y él eran Lanzadores. Había otro jugador de sexto en el equipo de quidditch, un chico enorme que jugaba de Bateador, pero tenía sus propios amigos. No eran malos, pero no tenían muchas posibilidades de ganar la Copa, no mientras Albus Potter fuera el Buscador de Slytherin. Gracias a él, las serpientes llevaban tres años consecutivos llevándose la Copa de Quidditch. Y no es que a Scorpius le molestara mucho, porque en realidad le alegraban las victorias de esa Casa, pero habría preferido que Ravenclaw, alguna vez, ganara algo. Quizás así a su familia se le pasaría el disgusto de ver a un Malfoy, por primera vez, en una Casa que no era Slytherin. Scorpius tenía la impresión que haber sido nombrado prefecto no había sido suficiente.

-Por ahí andan diciendo que McGonagall va a contarnos esta noche su nueva idea para la unidad de las Casas –dijo Johnny.

Sus palabras fueron recibidas con quejidos por parte de Scorpius y Rose. McGonagall tenía planes parecidos todos los años. Si era posible ser una psicópata de la unidad de las Casas, la directora de Hogwarts lo era. Todos los años tenía iniciativas destinadas a tal fin que solían ser engorrosas y, en ocasiones, humillantes, como esas clases de danzas escocesas de cuarto, que Scorpius prefería no recordar. Y luego estaba el Sanador McMillan y sus talleres de autoconocimiento; como te pillaran haciendo un comentario como “los Gryffindor son unos idiotas” o “eres más llorón que un Hufflepuff” te tocaba ir a varias sesiones durante semanas en las que te obligaban a hablar de tus sentimientos y a llevar un diario de tus emociones.

En realidad, las cuatro Casas estaba unidas: independientemente del color de sus corbatas y de la localización de sus Salas Comunes, todos los alumnos de Hogwarts estaban de acuerdo en que preferirían que McGonagall les dejara tranquilos de una vez.

-Oh, por Salazar, ¿qué se le habrá ocurrido este año? –gimió Scorpius.

-No digas por Salazar, que eres un Ravenclaw –le riñó Rose, dándole un empujón.

-Es influencia familiar –se defendió Scorpius.

-Esperemos que no haya que bailar –dijo Johnny, con un estremecimiento.

-Ya veremos…

Los tres estuvieron especulando un buen rato hasta que llegó la hora de cenar y entonces se dirigieron al Gran Comedor. Scorpius ocupó su sitio habitual junto a Rose y Johnny y observó distraídamente a los alumnos de las otras mesas, sobre todo a la de Slytherin, donde conocía a un buen puñado de alumnos. Maggie Zabini, la hija de Blaise Zabini y Pansy Parkinson, le sonrió con un mohín que seguramente ella consideraba sexy. Menuda pegajosa. Su tía Daphne decía que la madre de Maggie ya había sido sumamente pegajosa con su padre y que estaba claro que la historia volvía a repetirse. Maggie era muy guapa, la verdad, pero tan necia y vanidosa que Scorpius no habría salido con ella ni aunque le hubieran gustado las chicas.

Hablando de gente necia y vanidosa… Allí estaba Albus Potter, maquinando algo con ese primo suyo, Hugo. Scorpius no entendía como alguien tan simpática y aplicada como Rose podía tener unos parientes tan irritantes como aquellos. Hugo era una especie de genio con las pociones y el año anterior, con sólo trece años, había echado un filtro amoroso de su propia invención en la comida de los profesores. Se había librado de la expulsión de milagro y Scorpius estaba convencido de que algún día acabaría en Azkaban. Albus, por su parte, era probablemente el chico más creído de todo Hogwarts. Había salido con una docena de chicas y chicos, había desarrollado un gusto detestable por las bromas pesadas y su máxima ambición en la vida parecía ser bañarse en la admiración ajena. La única razón por la que Scorpius no lo consideraba totalmente inservible era porque saltaba a la vista que Albus le tenía mucho aprecio a Rose.

-Señores… -La profesora McGonagall pidió silencio y Scorpius, comprendiendo que los rumores eran ciertos, se preparó mentalmente para afrontar cualquier plan de aquella vieja chiflada-, como ustedes saben, la unidad de las Casas es una de las prioridades de nuestra escuela. Bien está que haya competencia entre nosotros, pero debe ser una competencia sana, porque todos somos ciudadanos del mundo mágico y todos debemos trabajar juntos para sacarlo adelante.-El discurso de prolongó durante varios minutos más, no muy diferente al del año anterior, y el anterior, y el anterior… Scorpius sólo prestó atención cuando la directora fue al meollo de la cuestión-. Por eso quiero que hagan un trabajo sobre un compañero de su curso, pero de otra Casa: cuáles son sus ambiciones, qué le gusta, qué piensa del colegio… Debe de tener al menos una extensión de cien centímetros y tendrán que entregarlo antes de que acabe el mes. Después de la cena haremos el sorteo; no quiero que elijan a familiares o amigos.

Podría haber sido peor. Llevaría su tiempo, como si no tuvieran bastante con los deberes habituales y tendría que soportar la compañía de alguien que probablemente no sería muy interesante, pero al menos no era un atentado contra la dignidad. Scorpius pensó que el resto de la escuela parecía compartir sus sentimientos.

Maggie le miraba como si estuviera rezando para acabar emparejada con él, una perspectiva que Scorpius contemplaba con aprensión. Aunque sería peor que le tocara Claudius Davies, de Gryffindor, porque su madre había sido atacada por un hombre-lobo durante la Batalla de Hogwarts y Davies odiaba a todo el que tenía alguna relación con los mortífagos. Era Bateador de su equipo y en los Gryffindor-Ravenclaw parecía más interesado en estamparle una bludger en la cara que en defender a su Guardián.

El sorteo empezó tras la cena. McGonagall empezó con los de primero. La cosa iba rápida y pronto llegaron a sexto. Scorpius se echó un poco para adelante, interesado casi a su pesar. Durante la espera había empezado mentalmente un par de discursos sobre dos compañeros suyos, un Gryffindor y un Slytherin, que le caían bastante bien. Ojalá le tocara uno de ellos.

Rose salió emparejada antes que él con un Gryffindor. Scorpius suspiró con alivio cuando Davies acabó con una chica de Hufflepuff, pero se tensó cuando oyó su nombre a continuación.

-Scorpius Malfoy y… Albus Potter.

Scorpius luchó por mantener el semblante impasible porque, Ravenclaw o no, seguía siendo un Malfoy, pero se sentía algo decepcionado por aquel emparejamiento. No le apetecía nada pasar tiempo con Albus y escucharle hablar de lo bien que jugaba al quidditch y de lo locas que estaban las chicas por él. ¿Y cómo iba a conseguir llenar un metro entero de pergamino sobre alguien tan insustancial?

-Qué bien, te ha tocado mi primo –dijo Rose, sonriente-. A ver si así os lleváis un poco mejor.

-Yo no me llevo mal con él –repuso Scorpius, sin mentir. Simplemente, se ignoraban el uno al otro. Scorpius suponía que Albus no sentía el menor interés por él y él, por su parte, podía decir lo mismo. Además, había algo irritante en toda aquella situación. A veces Scorpius pensaba que Albus estaba llevando la vida que le correspondía a él, el Buscador de los Slytherin, su líder. Pero el Sombrero le había alejado de todo aquello. Scorpius estaba a gusto en Ravenclaw, donde a la gente le importaba aprender y educarse, donde podía hablar de cualquier cosa que se le pasara por la cabeza sabiendo que nadie le diría que eso era absurdo. Además, acabar en Ravenclaw, probablemente, había desactivado muchos de los prejuicios hacia él. Si lamentaba no haber ido a Slytherin era sólo por su familia.

Cuando terminó el sorteo, todos fueron a hablar con la persona que les había tocado. Scorpius se acercó a la mesa de Slytherin, saludó a Maggie y a Armand Montague y después miró a Albus.

-Nos toca hacer el trabajo juntos. ¿Te viene bien que quedemos mañana? –Como era sábado, los dos tendrían tiempo libre.

Albus lo consideró en silencio y después se encogió de hombros con indiferencia.

-¿Después del almuerzo?

-Vale. Hasta luego.

-Hasta luego.

*****

Al día siguiente, cuando terminaron de almorzar, Albus y Scorpius se sentaron juntos en un banco. No eran la única pareja que había decidido empezar ya el trabajo y Rose también estaba por ahí con su Gryffindor. Scorpius observó a Albus, que mantenía esa expresión de indiferencia. Pocas veces había estado tan cerca de él ni lo había mirado más de dos segundos y a esa distancia le sorprendió un poco descubrir lo verdes que eran sus ojos, sin rastro alguno de marrón. Pero se olvidó de eso rápidamente; lo que saltaba a la vista es que Albus no parecía tener iniciativa alguna respecto al trabajo, lo cual le dejaba el camino libre a él.

Al menos se había llevado pergamino y tinta.

-Bueno, había pensado dividir el trabajo en cinco partes distintas. La primera sería sobre Hogwarts. Por ejemplo, ¿qué…?

-¿No deberíamos hablar primero de nuestras familias? –le interrumpió Albus.

Scorpius luchó para no sonrojarse. Había esperado pasar por alto ese punto. No le apetecía hablar de eso con Albus Potter. Ni siquiera hablaba mucho de su familia con Rose. Pero en el fondo siempre había sabido que ese tema debía salir en el trabajo. La familia era importante. Con un poco de suerte, podría contestar vaguedades. Lo más probable es que Albus estuviera deseando hablar del tema más para presumir de sus padres que para meterse con los crímenes de los Malfoy.

-Está bien. Empiezo yo. Sé quiénes son tus padres y a qué se dedican. ¿Hay algo más que quieras contar sobre ellos? ¿Qué clase de padres son?

-Son como todos los padres. Te dicen que te comas la verdura y que te laves los dientes antes de acostarte. A mi padre le gusta mucho llevarnos a sitios muggles cuando estamos en casa, como a partidos de fútbol, al zoo, al cine…

-¿Y tu madre?

-Siempre está de buen humor. Y siempre sabe cómo hacer que mi padre esté de buen humor cuando ha tenido un día duro en la oficina.

-¿Cómo te llevas con ellos? –preguntó, un poco sorprendido por las respuestas que había dado Albus. No eran exactamente lo que había esperado.

-Bien.

-¿Qué dijeron cuando fuiste seleccionado en Slytherin?

Albus hizo una pausa casi imperceptible.

-Les sorprendió un poco, pero no les importó.

Scorpius supo que mentía. Quizás no fuera un Slytherin, pero había crecido rodeado de ellos y había aprendido a leerlos, a descifrar su cerrado idioma de sonrisillas, cejas enarcadas e indirectas. Además, él le había visto el día del Sorteo, yendo a sentarse en la mesa de Slytherin con la cara lívida y también había visto a su hermano James y a sus primos con la boca abierta por la sorpresa. Pero no insistió, porque no quería que Albus insistiera cuando le llegara el turno de hacer preguntas.

-¿Algo más? –inquirió Scorpius, colocándose bien las gafas; se le habían escurrido un poco por la nariz mientras escribía.

-Los domingos solemos reunirnos en La Madriguera, la casa donde viven mis abuelos y mis tíos George y Angelina. Mi abuela cocina muy bien. Es divertido.

Scorpius pensó un poco. No es que sintiera un interés brutal por el trabajito de McGonagall, pero si iba a hacerlo, quería hacerlo bien. Y de momento las respuestas de Albus no eran como para crear una obra maestra de los trabajos escolares.

-¿Cuál es tu mejor recuerdo familiar?

Albus reflexionó unos segundos.

-El viaje que hicimos a los Estados Unidos, hace cuatro años. Visitamos el mundo mágico y un parque de atracciones muggle que se llama Disneylandia. Pasamos dos semanas allí, los cinco juntos. Fue genial.

-¿Qué es un parque de atracciones?

Albus se lo explicó y Scorpius supuso que debía de ser divertido. Pero se distrajo con la mueca de Albus.

-Ya es suficiente. ¿Qué hay de tu familia?

Scorpius se tensó un poco, pero trató de disimularlo.

-Vivo con mis padres y mis abuelos Lucius y Narcissa en Malfoy manor. Mi padre se llama Draco Malfoy y es consejero en Gringotts. Mi madre se llama Astoria y ha escrito un libro sobre Elfrida Clagg.

-¿La bruja que convirtió al snidget en especie protegida? –preguntó Albus.

-Sí. Ahora está trabajando en otro libro, uno sobre Morgana Bubblestorm. Fue la creadora de la Poción Multijugos. A mi madre le gusta escribir sobre brujas que han caído en el olvido.

-¿Qué clase de padres son?

-Normales –dijo, todavía a la defensiva-. Son muy exigentes con las notas, pero puedes hablar con ellos. Tenemos una buena relación.

-¿Qué dijeron cuando fuiste sorteados en Ravenclaw?

Scorpius estaba decidido a ser tan lacónico como Albus en ese punto.

-Se llevaron una sorpresa. Nadie de mi familia había ido antes a otra Casa que no fuera Slytherin. Pero les gusta Ravenclaw.

Albus se lo quedó mirando unos segundos y Scorpius se puso un poco nervioso. ¿Estaría pensando en el pasado mortífago de su familia?

-¿Cuál es tu mejor recuerdo familiar?-preguntó al fin.

Scorpius eligió un buen momento al azar.

-No sé, recuerdo cuando mis padres me llevaron por primera vez a ver un partido de los Falcons. Tenía unos ocho años, creo. Me compraron unos omniculares y una manzana de caramelo del tamaño de una sandía y los Falcons le dieron una paliza a los Tornado.

Albus asintió lentamente mientras esbozaba una ligerísima sonrisa, y por alguna razón Scorpius tuvo la sensación de que le interesaba lo que estaba diciendo.

-Yo no me acuerdo de la primera vez que fui a un campo de quidditch, era sólo un bebé. Bueno… ¿alguna cosa más que quieras contarme?

Scorpius dudó un poco. Lo que le contara a Albus acabaría en manos de la profesora McGonagall, que era una persona muy influyente en el mundo mágico. Cualquiera de su familia comprendería que era una buena oportunidad para hablar bien de los Malfoy. Él también lo comprendía, aunque le daba un poco de apuro. Al final decidió hablar, por si acaso.

-Hacemos muchas donaciones al año. Ayudamos a que el mundo mágico salga adelante. Eso me gusta, hace que me sienta orgulloso de ellos.-Albus volvió a asentir y escribió algo en su pergamino. Scorpius decidió que ya habían hablado lo suficiente de su familia-. Había pensado que Hogwarts fuera el segundo punto, lo que sabíamos de él antes de entrar, lo que pensamos al verlo…

-Vale, pero eso será mañana –dijo Albus, poniéndose en pie.

-¿Qué? ¿Por qué? –exclamó Scorpius, que había albergado la esperanza de terminar de recoger datos aquel mismo día.

-Porque ahora tengo cosas que hacer. ¿Quedamos mañana a la misma hora?

-Está bien –dijo resignadamente.

-Vale, nos vemos.

Entonces se marchó. Scorpius lo observó unos segundos antes de bajar la vista hacia su propio pergamino. Estaba algo descolocado porque las cosas no habían ido como había esperado. Albus no había presumido de su familia ni había hecho preguntas desagradables sobre la suya. Quizás no era tan insoportable como siempre había pensado. Aunque eso sí, no se tomaba nada en serio los malditos ejercicios.

*****

Al día siguiente volvieron a quedar. Como todos los niños mágicos Albus había crecido oyendo hablar de Hogwarts y había tenido muchas ganas de empezar a asistir y aprender a usar la varita. Sus opiniones sobre el colegio, según decía, no eran adecuadas para los ojos de McGonagall.

-Eso es lo malo de este trabajo –dijo Albus-. No puedes ser sincero.

-Puedes ser sincero, pero no
completamente sincero –matizó Scorpius.

-Y de todos modos, ¿por qué tendría que contarle a alguien mis intimidades?

Scorpius creyó oportuno soltar un bufido desdeñoso.

-Como si a mí me importaran…

Albus frunció las cejas.


-Ya lo sé, a mí tampoco me importan las tuyas –replicó, desabrido.

Scorpius empezó a plantearse si Albus no estaría un poco desequilibrado. El día anterior le había parecido un chico normal y corriente, alejado del presumido seguro de sí mismo que veía por los pasillos, pero esa tarde estaba nuevamente distinto.

-Muy bien, como quieras, pero resulta que tenemos que hacer el trabajo. ¿Podemos seguir?

Albus dijo que sí con la cabeza, pero estaba tan hosco que Scorpius no estaba seguro de que fuera a contestarle a su siguiente pregunta sobre Hogwarts. Sin embargo lo hizo, y Scorpius tuvo la sensación de que estaba haciendo un esfuerzo por olvidar su mal humor y actuar con un mínimo de cordialidad.

-¿Qué es lo que más te gusta de estar en Slytherin? –continuó.

-Mis amigos –dijo, tras pensárselo un poco-. Allí sabemos divertirnos. ¿Te habría gustado ir a Slytherin?

La pregunta pilló a Scorpius por sorpresa.

-Crecí pensando que iría a Slytherin, Pero me gusta estar en Ravenclaw. Estoy con Rose y con Johnny. La gente es interesante, le gusta hablar de cosas aunque sea una conversación que no lleve a ningún sitio. No me cambiaría.

Lo cual era una verdad sólo a medias. Lo habría hecho, para complacer a sus padres. Pero estaba a gusto en Ravenclaw y sabía que cuando se marchara del colegio lo haría con un montón de buenos recuerdos.

-¿Te gusta eso, hablar de cosas que no llevan a ningún sitio?

-A veces. Bueno, ¿qué es lo que más te gusta de Hogwarts?

-El conocimiento es poder –dijo Albus, con una media sonrisa.

-¿Cuál es tu asignatura favorita?

-Encantamientos y Defensa.

-¿Por qué?

-No sé, porque me gustan. Y cuando acabe Hogwarts quiero ser rompedor de maldiciones, como mi tío Bill. –Scorpius pensó que ese empleo le pegaba-. ¿Y tú? ¿Qué quieres ser cuando salgas de aquí? ¿O piensas dedicarte a la buena vida?

-Quiero seguir estudiando. Me gustaría saber más sobre la sociedad en la Prehistoria y en la Edad de los Druidas.

-Sí, es verdad… Rose me lo contó una vez.-Scorpius se sintió un poco raro al pensar que Rose hablaba de él con Albus Potter, aunque en realidad no tenía nada de extraordinario. Él también hablaba a veces de Rose con sus primos-. ¿Qué es lo que te gusta de eso?

Scorpius le contestó, intentando no llevarse por el entusiasmo que le producía el tema. Albus, de nuevo, le escuchaba con interés, haciendo más preguntas de vez en cuando. Antes de darse cuenta, había pasado casi una hora.

-Bueno, deberíamos continuar –dijo entonces.

Pero Albus negó con la cabeza.

-No, he de marcharme ya.

-¿Otra vez? –exclamó, con incredulidad.

-Malfoy, hay vida más allá de los deberes –dijo, levantándose.

Scorpius se dio cuenta de que no iba a convencerlo de que se quedara.

-¿Seguimos mañana después de clase?

-Tengo entrenamiento. ¿Después del té?

-Tengo entrenamiento yo –contestó Scorpius.

-Bueno, entonces el martes. Aún hay tiempo. Nos vemos.

Y con eso se marchó.

*****

Scorpius vio a Albus antes del martes, por supuesto. Ese mismo domingo, a la hora del té y a la de cenar, cuchicheando con Hugo. Además, se estaban preparando casi los mismos TIMOS, y al día siguiente coincidió con él en Pociones, como todos los lunes de aquel curso. Pero aquel lunes, Scorpius hizo algo que no había hecho nunca antes, le saludó. No lo pensó, simplemente parecía lo más natural después del tiempo que habían pasado juntos. Albus le devolvió el saludo con una de sus medias sonrisas y luego apartó la vista a toda prisa. Scorpius arqueó las cejas, un poco sorprendido, y se sentó junto a Rose.

El viejo Slughorn empezó a repasar una poción que Scorpius ya dominaba y éste se distrajo escribiendo mentalmente parte de su trabajo sobre Albus. “
Albus siempre soñó con ir a Hogwarts, con aprender a hacer magia”. No. “Albus creció en una familia feliz con sus padres y sus dos hermanos”. No, tampoco. Todo lo que se le ocurría era muy convencional. Pero no podía ir y decir “Pensaba que Albus era un idiota pomposo, pero a solas conmigo se comporta de otra manera; a veces parece simpático y otras, con tantos cambios de humor, un chiflado.” Quizás Albus tenía razón, aquel trabajo era un poco estúpido. O entregabas un informe soso y poco original o escribías algo demasiado íntimo, demasiado personal.

El martes por la mañana Albus le recordó que habían quedado aquella tarde. Cuando acabaron las clases fue al Gran Comedor a esperarlo allí. Albus apareció con Hugo y algunos otros amigos de Slytherin, su corte, como Scorpius la llamaba a veces. Después de despedirse de ellos, Albus se sentó en el banco.

-Eh, ¿cómo te va?

-Estás de buen humor –observó Scorpius.

-Sí –dijo, sonriendo.

Había algo malicioso en aquella sonrisa. Scorpius la había visto antes en algunos miembros de su familia y por lo general significaba que habían ajustado cuentas con alguien.

-¿Qué has hecho?

Albus adoptó al momento un aire de absoluta inocencia.

-¿Quién yo?

-Sé que has hecho algo.

-Eso podría ser principio de paranoia, ¿sabes? –dijo, en tono preocupado-. Deberías ir a que madame Edgecombe te mire la cabeza.

Scorpius soltó un pequeño resoplido de risa.

-Idiota… -Pero a pesar de ser prefecto, decidió que no era asunto suyo-. Anda, vamos a empezar.

-¿Qué toca hoy?

-Nuestros gustos personales: música, quidditch y eso.

Resultó que tenían gustos muy parecidos. A los dos les gustaba el quidditch –eso no era una sorpresa, con los dos en el equipo-, pero también coincidían en libros y canciones, y los dos pensaban que El Código Merlín era un libro malísimo porque nadie podía creerse que Merlín hubiera tenido un hijo secreto cuyos descendientes aún pululaban por el mundo mágico.

-Y ¿sabes qué? Mi tía Hermione, la madre de Rose y Hugo, dice que es un plagio de un libro muggle.

Scorpius iba a preguntarle por el título, pero de pronto captó un rayo rojo yendo directamente hacia ellos y se tiró al suelo con una especie de graznido alarmado no muy propio de los Malfoy. Albus también se había tirado al suelo: el hechizo pasó por encima de sus cabezas.

-¿Qué coño…?

-¡Potter, maldito cabrón, sé que has sido tú!

Scorpius oyó la risa de Albus antes de que un nuevo hechizo se estrellara contra el Protego que debía de haber levantado. Tres Slytherin de séptimo se acercaban hacia ellos; uno de los chicos, el más cabreado, tenía la cara de un color violentamente rosa.

-Tienes buen color de cara, Pucey –dijo Albus, burlón.

El Slytherin volvió a atacarlo y Scorpius, por fin, recuperó el habla.

-¡Bueno, ya está bien! ¡Diez puntos menos para Slytherin por atacar a un prefecto y pelear en los pasillos!

Pero nadie le hizo mucho caso y Scorpius se dio cuenta de que, para bien o para mal, estaba metido en esa pelea. Podía intentar irse, claro, pero le disgustaba la idea de dejar al idiota de Albus peleándose contra tres chicos de séptimo, aunque probablemente se lo mereciera. Así que usó un hechizo que le había enseñado su abuela Narcissa, uno que causaba en el adversario unas ganas terribles de ir al baño. No se detenía con un simple Protego y alcanzó su objetivo: el chico de séptimo se llevó las manos al vientre y salió corriendo de allí maldiciendo entre dientes. Mientras, Albus había paralizado al otro amigo de Pucey y se batía con éste. Scorpius tuvo que admirar el estilo de Albus: no era la primera vez que lo había visto pelear y ciertamente se movía con la rapidez mortal de una serpiente. Pucey era bueno, pero incluso siendo de un curso superior perdió. Albus lo inmovilizó con un Inmobilicorpus y se acercó a él.

-Deberías aprender a dejar las cosas cuando toca, Pucey. Un día de estos alguien va a hacerse daño de verdad. Y no voy a ser yo.

Scorpius se recompuso la ropa.

-Así no hay quien haga el maldito ejercicio.

-¿Estás bien? –preguntó Albus, mirándolo con súbita y aparentemente sincera preocupación.

-Sí, pero no gracias a ti, ¿verdad?-Se giró hacia los dos chicos inmovilizados-. Os voy a liberar, pero como sigáis la pelea se lo digo a McGonagall, ¿está claro?

Parecían de acuerdo.Scorpius les hizo un Finite Incantatem y Pucey y su amigo se levantaron con expresión rencorosa.

-A ti ya te pillaré –le dijo Pucey a Albus, antes de marcharse.

Albus, por suerte, tuvo el buen sentido de no decir nada, aunque sí les dedicó una sonrisilla algo insolente. Después se giró hacia Scorpius con expresión más contrita.

-Siento que te haya pillado en medio.

Scorpius estaba aún un poco afectado por lo que había pasado. En todos sus años en Hogwarts aquella había sido su primera pelea. Se había batido muchas veces en Defensa, pero nunca había peleado. Si algunos le habían dicho que en su familia eran todos mortífagos les había ignorado o, de tanto en tanto, les había dado algún corte verbal, pero luego todo eso había ido desapareciendo –gracias también a Rose-y nunca había llegado al extremo de pelearse a hechizos contra nadie.

-¿Cuál es tu problema? –le preguntó, con más curiosidad que otra cosa.

Albus, con la cabeza algo gacha, tardó en contestar.

-Pucey es un imbécil –masculló-. Se mete con los Slytherin mestizos.

Scorpius no se lo esperaba.

-Oh…

-Puede que yo sea un Slytherin, pero no voy a quedarme quieto mientras se meten con alguien por su clase de familia –añadió, con cierta ferocidad.

-Claro que no, hay que olvidarse de los prejuicios de sangre –dijo Scorpius, un poco confuso.

Albus asintió como si hubiera dicho algo especialmente correcto, bajó la vista un momento y volvió a mirarle a los ojos.

-¿Todavía quieres hacer el trabajo conmigo?

Scorpius dio un suspiro que era casi divertido.

-Está siendo más complicado de lo que pensaba, pero…sí, supongo que sí.

(Sigue en la segunda parte)
     


Comments

Me alegra que te haya gustado, aunque sí, normalmente les damos otra personalidad.

Gracias, un besito ^^