HelenaDax (helenadax) wrote,
HelenaDax
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Hablando de regalos...

Bueno, veamos, yo quería decir un par de cosas respecto a los regalos, más concretamente sobre las postales. Aunque la gente ya está empezando a regalar cosas, yo las postales no las enviaré hasta que se acerquen las Navidades (con excepción de una, porque lleva algo que es mejor enviar ya). Y a no ser que me escribáis en los próximos días pidiendo lo contrario, en las felicitaciones usaré vuestro nick, porque no estoy acostumbrada a vuestro nombre real y me resulta muy raro llamaros por él. Por esa misma razón, yo prefiero que si tenéis que usar un nombre en la felicitación me llaméis Helena. Pero vamos, que si a alguien le hace más ilu que use su nombre real sólo tiene que decírmelo.

Y dicho esto, he pensado que con todos los fics que hemos pedido y además los del AI, en diciembre va a haber sobredosis de fics, así que ¿por qué no adelantar ya uno? (Esto, queridos niños, se llama racionalizar el impulso desmedido por publicar XD).

Así que aquí está mi primer regalo ^^

Para Lyeth, guapísima, aquí tienes tu Lorca/Dalí. No es muy largo y no tiene lemon, pero espero que te guste igualmente. Fue toda una experiencia escribir sobre ellos dos. ¡Un besito y Feliz Navidad por adelantado! ^^

Título: Federico y Salvador y Dalí
Pairing: Lorca/Dalí
Género: Angst, Romance
Calificación: PG-13
Resumen: Un instante perdido en el tiempo: Federico García Lorca y Salvador Dalí en la Residencia de Estudiantes.

Federico y Salvador y Dalí

Ya entonces, desde el primer día de su llegada, Salvador casi nunca fue Salvador; era Dalí, el genio. Paseaba por la Residencia de Estudiantes con su ropa bohemia, sus gestos melodramáticos, sus opiniones controvertidas sobre el arte. Los alumnos mayores aprendieron en cuestión de horas quién era ese catalán flacucho, extravagante y de acento raro.

Federico, que casi siempre era Federico, y no Lorca, se sentía inevitablemente atraído hacia él. Había algo físico, pero no sólo eso, no era lo más importante. Era esa sensación electrizante que sentía al estar en compañía de alguien tan vital, tan explosivo que parecía tener dinamita en las venas. Era la curiosidad del poeta frente a un ser que sólo parecía probable sobre el papel y que, sin embargo, convivía en el mismo mundo que él. En todos sus años en la Residencia de Estudiantes nadie había llamado su atención como aquella fascinante criatura, llena de claroscuros.

Años más tarde, cuando España se resquebrajaba en dos con un aullido agónico, Federico, más mayor, menos idealista, tenía la sensación de que su antiguo compañero les había engañado a todos. Porque todos habían creído en Dalí y en su grandeza, en su espíritu libre, en su desdén por las normas. Pero debajo de Dalí, de la persona que él había estado tratando todos esos años, también estaba Salvador, y Salvador estaba influenciado por su severo padre y se negaba a condenar el régimen nazi, y no quería mantener relaciones sexuales con él a pesar de decirle que le amaba.

Si Federico hubiera estado vivo cuando Salvador se declaró anárquico-monárquico, habría admirado el simbolismo. Porque esas dos mitades representaban toda la contradicción entre Dalí y Salvador, el espíritu indomable y el pintor del franquismo, el héroe y el villano, el personaje y la persona.

Pero en aquellos primeros años, Federico sólo intuía esas contradicciones. Creía que el hombre que tenía delante era el hombre completo y estaba, como vulgarmente se dice, cegado por el amor. Así que sonreía cuando estaba en su cuarto, buscando palabras con paciencia de minero antiguo, y la puerta se abría tras dos rápidos golpes y Salvador entraba a su cuarto, llevando consigo el aroma de las vanguardias de París y Nueva York.

-Me aburro, Federico –declamaba teatralmente, echándose sobre la cama-. Sé ingenioso, di algo que me anime.

No le importaba mucho si él estaba escribiendo, estudiando o poniendo al día su correspondencia. El aburrimiento era el mayor pecado y a él le tocaba ponerle fin. Muchas veces se iban juntos a algún café o a alguna exposición; otras, se quedaban allí charlando de arte, compartiendo chismes sobre otros estudiantes. Y unas pocas, había una chispa traviesa en Salvador, quien no ignoraba lo que Federico sentía por él y en ocasiones disfrutaba tentándole. Salvador afirmaba adorarlo y paseaban a menudo con los brazos sobre los hombros, pero había un límite claro que nunca traspasaba, en parte también porque el propio Federico no estaba seguro de que fuera a funcionar. Incluso entonces, en aquella época de lentes rosas, Federico pensaba que Salvador se sentía obligado a presentarse como bisexual porque era lo que correspondía a un artista bohemio y transgresor como él, quizás incluso que quería que fuera así para reafirmar su alma libre de burdas convenciones sociales; otra cosa muy distinta era que su cuerpo ansiara otros cuerpos de hombres.

Pero una de esas tardes, Federico cedió al impulso de ver hasta dónde era capaz de llegar físicamente el amor de Salvador, y cuando éste le dijo, con voz pícara, que había tenido un sueño erótico con él, le siguió el coqueteo.

-Podría ser algo más que un simple sueño, si tú quieres.

Salvador sonrió desde la cama.

-¿Me estás seduciendo, Federico?

-¿Te gustaría que lo hiciera? –replicó, sonriendo también.

-¿Sin sacarme a cenar ni nada? –bromeó Salvador.

-La cena puede arreglarse –dijo, levantándose y yendo hacia la cama.

Si eso puso nervioso a Salvador, la verdad era que no lo demostró. Al contrario, le hizo hueco sin perder la sonrisa. Federico, de pronto, se preguntó qué estaba haciendo. ¿Y si terminaba ofendiendo a Salvador y éste le retiraba su amistad? ¿Y si lo que sentía en el centro del estómago era esperanza? Tanto que ganar, tanto que perder…

La cama era individual y estaba pegada a la pared; ellos también estaban ahora pegados cuerpo con cuerpo. Federico podía oler a Salvador, una mezcla de jabón y tabaco y piel caliente. Sus ojos le observaban con una mezcla deliciosa de nerviosismo, diversión y desafío, pero no había nada en él que sugiriera repugnancia. Federico se encomendó a la Virgen, aunque probablemente ella no aprobaría aquello, y le acarició la mejilla, algo rasposa porque eran ya las siete de la tarde. Salvador amplió su sonrisa, sin encogerse bajo el contacto, puso su mano sobre la suya para que no pudiera quitarla y giró un poco la cara para poder besarle en la palma.

-
Ah, mon cheri… -murmuró-. Si me besas ahora, te prometo que algún día pintaré ese beso.

El alma de Federico cantó una aleluya de gracias en honor al dios pagano que había tras aquel milagro y se inclinó para besarlo. No era la primera vez que besaba a otro hombre, pero sí la primera que lo hacía con alguien que significaba algo. Y la diferencia era como para echarse a llorar. Su pelo, suave y fino como sus labios, se deslizaba entre sus dedos. Sus cuerpos se contagiaban el calor por encima de camisas y suéters. Su lengua sabía a café y cigarrillos. Cada detalle, grabado para siempre. Federico pensó que nunca en su vida olvidaría aquel beso.

Salvador fue el primero en retirarse, todavía sonriente.

-Yo también cumpliré con mi parte. Pintaré ese retrato.

Federico se dio cuenta de que la sangre de Salvador no hervía con la misma intensidad que la suya y disimuló su desilusión. Había obtenido mucho más de lo que se había atrevido a imaginar. Le había besado. Mil poemas exultantes podían nacer de ese beso.

-Eres un hombre complicado, Salvador.

-Es mi obligación –replicó-. Soy un genio.-Entonces le dio un beso rápido en los labios y se incorporó-. Vayamos a tomar algo antes de la cena, aprovechando que no hace demasiado frío.

Estaba claro que el interludio romántico había terminado por el momento. Federico se incorporó también y fue a por su abrigo. Estaba confundido, excitado, pero también esperanzado. Si tenía que ser al ritmo de Salvador, que así fuera. Al fin y al cabo, genio o no, sólo era un muchacho de dieciocho años que probablemente nunca había pensado que acabaría besando a otro hombre.

El principio de una locura, pensaría años más tarde. Pero, ¿cómo arrepentirse, cuando había sido la relación más importante de su vida? ¿Cómo arrepentirse de los poemas y cuadros que nacieron gracias a ella, de las largas noches de conversación, de la sensación de que la felicidad completa era posible en este frío universo? Fue imperfecto, pero fue amor. Y el amor era un bien demasiado escaso en el mundo como para no agradecerlo, tuviera la forma que tuviera.

Su último pensamiento, aquella infame noche del 36, no fue para Salvador, fue para su madre y para el terror. Pero sí se acordó de él antes, encerrado; sí se preguntó dónde estaría, qué pensaría de aquello, qué sentiría cuando supiera de su muerte. Para entonces ya se habían distanciado mucho: en 1935 se habían visto por última vez y aquél había sido su único encuentro desde el 27. Para él había sido como si nunca hubieran estado separados; no podía estar seguro de lo que había significado para Salvador.

¿Le echaría de menos o la presencia de Gala le había hecho desaparecer de sus recuerdos? ¿Se sentiría aliviado sabiendo que él ya no podría delatar sus escarceos homosexuales? ¿Le seguiría amando, a su manera?

Los tiros apagaron sus preguntas junto con su vida.

Fin



Ya

Tags: fan fiction, feliz navidad, slash
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  • (no subject)

    Llevo mucho tiempo sin publicar, pero la verdad es que no había tomado la decisión de dejar el LJ, simplemente estaba liada con otras…

  • White Collar/Masters of Sex

    Las dos promos que han salido de la sexta temporada de White Collar me han gustado. Da la sensación de que Neal va a intentar cortar lazos…

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    Yo creía que había sobreabundancia de fics en los que Draco estaba completamente OOC, pero eso no es nada comparado con el pobre Neal…

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