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D/H

EL NOMBRE DE LOS MALFOY 3

TÍTULO: El nombre de los Malfoy
AUTOR: Helena Dax
CLASIFICACIÓN: R
PAREJA: Draco/Harry
GÉNERO: Drama, Humor, Comedia
AVISOS: Leer crea adicción. Por otro lado, en esta historia sólo hay sexo gay, hetero blablabla...
DISCLAIMER: Harry y Draco no son míos. Son el uno del otro.
SUMARIO: Draco intenta recuperar su vida después de salir de Azkaban. Y por fin una cara amiga.



CAPITULO 3. Con los magos otra vez.

Draco abrió los ojos con un sobresalto, recordando lo ocurrido. Cuando vio que no había nadie dispuesto a golpearle se dio cuenta de que estaba tumbado en una cama, en una habitación que le resultaba vagamente familiar. Algo en la decoración de la habitación, en los cuadros de las paredes...
Hogwarts. Estaba en Hogwarts.
Antes de que pudiera asimilarlo, la puerta se abrió y un hombre definitivamente conocido entró en el dormitorio con un caliz humeante en la mano. Draco lo miró boquiabierto y sus ojos brillaron con lágrimas por un momento.
-Severus...-dijo, con todo el cariño y el alivio que era capaz de sentir.

La expresión de su antiguo profesor se suavizó durante un segundo, pero pronto volvió a parecer tan frío como siempre.
-Habría jurado que después de tanto tiempo bajo mi tutela ibas a ser capaz de demostrar atisbos de cierta inteligencia, pero obviamente he estado haciéndome ilusiones.-Las palabras habían sido pronunciadas con el mayor desdén, pero Draco era la persona que mejor le conocía en el mundo y su sonrisa no vaciló ni un segundo. Como prueba de que no se había equivocado al juzgarle, la comisura izquierda de Snape se elevó ligeramente-. Ya tienes todos los huesos sanados, pero la señora Pomfrey quiere que te tomes este reconstituyente.
Draco lo olisqueó con ojos suspicaces y se lo bebió de un trago, haciendo una mueca por su mal sabor.
-Esa mujer hace unas medicinas asquerosas.
-Es reconfortante darse cuenta de que no importa lo que te pase, siempre seguirás quejándote como un niño de cinco años-dijo Snape, haciendo desaparecer la copa y sentándose junto a su cama-. ¿Puedo saber, joven Draco, por qué diablos he tenido que pasar las últimas tres semanas de mi precioso tiempo buscando a una insignificancia como tú?
-¿Me has estado buscando?
-Fui a buscarte a Azkaban, pero me dijeron que te habías ido media hora antes de que yo llegara. Luego me enteré del... incidente en el callejón Diagón y desde entonces he tratado de localizarte todo el rato. ¿Es que no lo notabas?
Draco parpadeó, perplejo, y luego abrió mucho los ojos.
-Los dolores de cabeza.
Snape tenía que haber estado usando la Legeremancia para dar con él, pero Draco era muy bueno en Oclumancia y después de su primer encuentro con Voldemort se había acostumbrado a mantener blindados sus pensamientos permanentemente. Era algo tan natural ya para él que ni siquiera se había dado cuenta de que lo estaba haciendo.
-Por fin anoche bajaste tus escudos lo suficiente como para que pudiera dar contigo. Verte en el suelo con varios huesos rotos, nariz incluida, no es mi idea de una velada agradable.
-Ni tampoco la mía.
-¿Quiénes eran?
-No lo sé. Creo que me atacaron porque me habían visto salir de un bar de chicos. Me pillaron desprevenido y no pude Desaparecerme... Gracias por acudir al rescate.
Snape meneó la cabeza.
-Yo sólo te traje aquí, Draco. Ya estaban inconscientes cuando llegué.-Al ver la mirada confusa del chico se explicó-. Creo que fue una explosión de magia natural. Los magos poderosos pueden provocar explosiones semejantes cuando experimentan sensaciones de rabia o miedo muy fuertes.
-Sabes que me encantan los halagos, Severus, pero la verdad es que yo nunca he sido capaz de eso. Me habría pasado antes, ¿no crees?
Snape volvió a alzar la comisura izquierda de sus labios.
-Recuerdo a Narcissa decir que cuando eras pequeño llorabas tan fuerte que rompías todos los cristales.
-Creía que era una manera de hablar.
-No.
-Oh... En cualquier caso, me alegro de que vinieras a por mí.
-¿Creías que no iba a hacerlo?
-Al no verte en Azkaban... Y tampoco me llegó ninguna lechuza.
-Esperaba que me conocieras algo mejor, mocoso.
El chico bajó un momento los ojos.
-Sé que te ha tenido que resultar duro recuperar tu puesto en Hogwarts, con todas las cosas que se han dicho sobre ti. Y ya has hecho mucho por mí. Demasiado.
Snape le puso la mano en el hombro.
-Eres idiota. Ahora descansa un poco. Hablaremos dentro de un par de horas.

Cuando Draco volvió a despertarse, se sintió lo bastante fuerte como para ponerse en pie. Llevaba uno de los pijamas de la Enfermería y sus pies descalzos no hicieron ruido al caminar por el suelo de piedra hasta la puerta que comunicaba con la salita de Snape, un lugar donde había estado muchas veces cuando estudiaba allí. Su profesor estaba leyendo un libro de aspecto polvoriento y alzó los ojos al verlo salir del dormitorio.
-Ah, justo a tiempo del almuerzo. Siéntate, por favor-dijo, señalando una mesa sobre la que había una bandeja.
Draco obedeció y se sirvió un poco de todo. Había pocas cosas que no hubiera criticado de Hogwarts en su época de estudiante, pero la comida era una de ellas. Y había echado terriblemente de menos el zumo de calabaza y la cerveza de mantequilla. Oh, la cerveza de mantequilla...
-Es la mejor bebida del mundo.
-Confieso que esperaba verte comer con más apetito. ¿Cómo has conseguido alimentarte todos estos días? Y ya que estamos, ¿qué has estado haciendo?-Draco se lo explicó todo mientras almorzaban y se sintió complacido con la mirada de orgullo y aprobación que le dirigió Snape-. Muy Slytherin por tu parte. Me siento tentado a hacerte repetir esa historia en nuestra sala común para que sirva de ejemplo de conducta a los estudiantes.
-He tenido buenos maestros-replicó Draco, alzando su vaso en su honor.
Snape casi consiguió una sonrisa completa.
-Ciertamente. Y esto explica, además, que mi pobre lechuza no pudiera dar contigo. Si vuelves a encontrate en una situación parecida, te ruego que recuerdes que las lechuzas tienen que ir volando a los sitios y que estar Apareciéndose y Desapareciéndose por todo el país no les ayuda en nada.
-Trato hecho.-Draco se inclinó hacia él-. Cuéntame como están las cosas por aquí. Me alegré más de lo que esperaba cuando me escribiste diciéndome que volvían a abrir el colegio.
El profesor tardó unos segundos en contestar, como si estuviera decidiendo si iba a ser sincero o a tranquilizarlo.
-Nos vamos apañando, pero es duro. Todo el mundo recuerda a los que se quedaron por el camino. Sin embargo tengo que admitir que McGonnagall no lo hace mal del todo.
-Aunque tampoco te deja dar Defensa contra las Artes Oscuras.
-No-dijo, secamente.
-¿Y en nuestra casa?
-Oh, seguimos siendo las ovejas negras, por supuesto. -La voz de Snape se hizo más ocura de lo habitual-. No hay día en el que alguno de los nuestros no oiga una insinuación sobre los mortífagos o Quien-tú-sabes. Nadie se acuerda de los mortífagos de otras casas.
-Ni de los Slytherin que se mantuvieron neutrales o lucharon con la Orden del Fénix-murmuró Draco. Luego miró a Snape con dolida esperanza-. ¿Se sabe algo de Greg?
Gregory Goyle, que se había unido a los mortifagos, había desaparecido del mapa después de una misión y nadie había vuelto a saber nada de él.
-No.
-¿Y de algún Slytherin de mi curso? En tu segunda carta me decías que alguien había visto a Blaise en Europa.
-Está en Italia.
Draco permaneció en silencio unos segundos.
-¿Crees que... crees que volveremos a levantar cabeza?
Y Snape sabía que se refería a Slytherin.
-Son malos tiempos para nuestra casa, Draco-admitió, con un pesar que no habría demostrado delante de nadie más-. Quien-tú-sabes es una lacra para nuestro nombre. Aquí conviven hijos de Mortífagos con alumnos que odian ser identificados con el Señor Oscuro. Para los primeros soy un traidor, y los otros me relacionan demasiado con Quien-tú-sabes y no confían en mí. A principio de año, los padres de un alumno de primero retiraron a su hijo de Hogwarts cuando se enteraron de que había sido sorteado en Slytherin,y dos más se echaron a llorar, pequeñas bestias estúpidas.
Aquello era peor de lo que Draco había temido.
-¿Está tan mal?
El profesor de Hogwarts tardó tanto en contestar que Draco llegó a pensar que no iba a hacerlo. A pesar de que era junio, las mazmorras siempre eran frías y húmedas y había un pequeño fuego encendido en la chimenea. Draco lo observó, dejándose mecer por el chisporroteo de las llamas, algo aturdido por lo que acababa de oir. Cuando Snape volvió a hablar, ya no esperaba una respuesta.
-Supongo que ahora nuestra tarea es devolverle a nuestra casa el honor perdido.
Draco se cubrió la cara con las manos. Todo era demasiado difícil. La guerra había acabado, pero no había ningún final a la vista, ningún descanso. Después miró a su profesor. Su pelo, que siempre había sido negro como el ala de un cuervo, mostraba canas por primera vez. Aunque su rostro era la misma máscara contenida y amarga que recordaba, sus ojos parecían algo cansados. Draco sintió una oleada de afecto terrible hacia él.
-Tú aseguras el honor de los Slytherin, Severus.
Snape agradeció el cumplido con una leve inclinación de cabeza, pero Draco supo leer hasta qué punto le había conmovido oirlo.
-Quizás no seas del todo insufrible.
A Draco le costó mucho no soltar una carcajada,
-No entiendo cómo no tienes más amigos.
Snape esbozó una de sus minúsculas sonrisas y luego se puso algo más serio.
-Guardo algo que te pertenece-anunció, levantándose y yendo a coger algo de uno de los cajones de su escritorio.
Era una carta que le tendió a Draco sin decir palabra. Este la miró con curiosidad y sus ojos se abrieron de par en par al distinguir el sello de los Malfoy. Alzó la vista para decírselo a Snape, pero el profesor se había puesto a ojear unos libros, sin duda para darle privacidad. Draco tragó saliva, rompió el sello y sintió que se le ponía un nudo en el estómago al reconocer la letra de su madre.

Mi querido Draco.
Si lees esto, lo más probable es que tu padre y yo hayamos muerto y el Señor Oscuro haya sido derrotado. Le he entregado esta carta a Severus porque creo que él sobrevivirá y que sabe dónde estás. Sospecho que sus lealtades no se hallan con Quien-Tú-Sabes, pero ha jurado protegerte y sólo por eso tiene mi entera gratitud y mi silencio.
No sé si has huído para permanecer escondido o para luchar contra nuestro lado. No puedo criticarte por ello, después de todo lo que te ha hecho. El Señor Oscuro ha renacido con tanto poder como antes, pero su mente está tan transtornada como la de mi querida hermana Bellatrix. Nadie está seguro a su lado, ni sus más fieles seguidores, y me temo que el mundo que tiene preparado será una pesadilla para todos. Tu padre y yo estamos tan unidos ya a él que no podemos escapar y pedir una oportunidad para enmendar nuestro mal juicio. Sólo nos queda recorrer los últimos pasos del camino que nosotros mismos hemos trazado, y lo haremos por simple orgullo, pero tú aún tienes una oportunidad. Si nos encontramos contigo luchando en bandos opuestos en el campo de batalla, tienes mi palabra de que ni tu padre ni yo alzaremos nuestras varitas contra ti y de que mataremos a cualquiera que intente herirte, incluido el mismísimo Señor Oscuro.
Imagino que ahora mismo, los nombres de Malfoy, Black o Lestrange ya no valen nada. Temo que el Ministerio esté desmantelando todas nuestras fortunas y que Malfoy manor sea embargada o destruida. Por eso mismo, hemos hecho algunos arreglos para que puedas conservar, al menos, parte de lo que te pertenece legítimamente. En el Gringotts Central de Suiza, a tu nombre, hay una cuenta con medio millón de galeones y los papeles de propiedad de nuestra casa de los Alpes. Nos habría gustado poder ayudarte más, pero el Señor Oscuro conoce casi todos nuestros otros bienes y vería como una traición lo que estamos haciendo. Confíamos en que eso sea suficiente para que puedas vivir con comodidad. Lamento que no podamos ofrecerte una casa en Inglaterra, pero, sinceramente, si conozco bien a la gente del Ministerio harás bien en desaparecer del país una temporada. En Suiza estarás seguro.
Me gustaría escribirte hojas y hojas para seguir hablando contigo, pero imagino que este es un buen momento para parar. A tu padre y a mí se nos parte el alma pensando que ya no vamos a volver a verte, pequeño dragón, pero nos alegra pensar que tienes más posibilidades que nosotros de sobrevivir a esta guerra. Eso nos consuela a ambos, Draco, te lo digo de corazón. Sólo te pido dos cosas. La primera es que, oigas lo que oigas sobre nosotros, no olvides nunca que te queremos. La segunda es que no dejes que nuestro linaje muera contigo. A pesar de los errores que hayamos podido cometer, desciendes de magos poderosos que se remontan a la Antigua Edad Media y puedes sentirte orgulloso de ello.
Sé feliz por nosotros, cariño. Tu madre que te quiere,
Narcissa Malfoy

Draco permaneció en silencio luchando contra las lágrimas y enrolló de nuevo el pergamino.
-¿Cómo murieron? Lo único que sé es que cayeron con el Señor... con Riddle
Era la primera vez que usaba el nombre verdadero de Voldemort, aunque hasta entonces ni siquiera lo había llamado por su nombre de guerra.
-El segundo de los Weasley y Amos Diggory usaron el Avada Kadavra contra tu padre después de que él matara a Weasley padre. Tu madre... Eso lo vi. Quien-Tú-Sabes la usó como escudo para bloquear un ataque de Alastor Moody.
Draco apretó los puños. “Maldito seas, Tom Riddle. Tu padre muggle tendría que haberte matado al nacer, es lo único que te mereces. Ojalá no conozcas la paz en tu muerte, ojalá pagues por todo el dolor que has causado.”

Snape había dejado a Draco un rato a solas, suponiendo que necesitaba pensar sobre la carta. Cuando regresó a su cuarto, poco antes de cenar, lo encontró sentado junto al fuego, con una expresión indescifrable en la cara.
-¿Has decidido algo?-dijo, ocupando un sillón a su lado.
-¿Qué posibilidades crees que tengo de recuperar Malfoy manor?
-No muy buenas, ahora mismo. Pero a la muerte de tus padres, tú eres el único heredero. Antes o después debería volver a tus manos. El Ministerio ha accedido con facilidad a las cuentas de tus padres, pero una casa es diferente. Devolvértela en este momento sería un escándalo, pero quedársela para siempre sería, a la larga, un escándalo aún mayor.
-¿Y mis cosas? Mi ropa, mis libros...
-Todos los objetos de Malfoy manor están siendo catalogados y examinados por un grupo de magos que creen ser expertos en magia negra.
Draco había empezado a juguetear distraídamente con el anillo con el sello de los Malfoy que llevaba en la mano derecha.
-No sé que han podido encontrar en los sótanos o en los escondites, pero en mi cuarto no había nada remotamente conectado a la magia negra.
-En ese caso, te sugiero que hables con la responsable del equipo. Es Annabella McMillan. Quizás te permitan recuperar algunas de tus cosas.
A Draco le enfureció la idea de tener que pedir que le devolvieran lo que le pertenecía legítimamente, y mucho más la posibilidad de que pudieran negarse.
-¿Quién es esa mujer? ¿Es pariente de ese insufrible McMillan que iba a mi curso?
-Su tía.
-¿Y qué hay de los elfos de la casa? ¿Siguen allí?
-Cuando los Aurores entraron a Malfoy manor sólo quedaba uno, Topey. No quiso decir qué había pasado, pero es posible que los otros dos murieran a manos de tu padre o de los otros mortífagos cuando dejaron la casa para ir a la última batalla. Tengo entendido que está bajo custodia del ministerio.
-¿Para interrogarlo?
-Y para ponerte un poco más difícil que recuperes la casa.
Dado que los elfos domésticos pertenecían a las casas en las que servían, si Topey aceptaba a Draco como amo estaría declarándolo legítimo dueño de Malfoy manor.
-La quemaré antes de dejar que la ocupe otra familia-murmuró, con voz sombría. Snape no dijo nada y Draco continuó al cabo de un rato-. Hablaré mañana en el ministerio con quien tenga que hablar, pero creo que mi madre tiene razón y lo mejor es marcharme del país una temporada. Ahora mismo alguien con mi apellido no puede esperar un trato justo. ¿Me mantendrás informado sobre la mansión? No me importan las otras propiedades, pero Malfoy manor es mi casa.
-Cuenta con ello.

A la mañana siguiente, muy temprano, Draco y Snape se Aparecieron junto a la puerta de la nueva tienda del señor Ollivander. Con el fin de pasar un poco desaparecibido, Draco se había puesto una capa con capucha que le tapaba su reconocible cabello rubio, pero un mago un poco mayor que él que estaba ya en la tienda se lo quedó mirando como si tratara de reconocerlo. Después Snape le diría que se trataba de un tal Frank Yaksley, de Ravenclaw, pero en ese momento lo único que Draco vio fue cómo le dirigía al mago una mirada especialmente fría e intensa.
-Yaksley...
-Profesor Snape... Hola.
-¿Qué ha venido a hacer aquí?-preguntó, como si aún siguieran en el colegio y acabara de pillarlo correteando por los pasillos a media noche.
-Yo estaba... comprando una varita, pero ya me iba.
-Por supuesto.
Yaksley se fue apresuradamente y Draco sonrió con sorna.
-Eres irrepetible, Severus.
Ollivander, que había estado observando la breve charla desde el mostrador, les saludó.
-El profesor Snape y el joven Draco Malfoy. Me alegra volver a verlos a ambos.-Los dos inclinaron la cabeza a modo de saludo-. Imagino que el señor Malfoy deseará una varita nueva. Probemos de nuevo con lo que se llevó la primera vez. Dieciocho centímetros, espino blanco, núcleo de corazón de dragón, ¿no es cierto?
-Sí, señor.
-Mmm, era bastante rígida... Excelente para duelos. Aquí está.
La varita era tan parecida a la vieja que Draco la cogió con la confianza de que iba a sentarle como un guante. Sin embargo, un sencillo Wingardum Leviosa provocó que media docena de pequeños cajones salieran volando por los aires. Ollivander estudió a Draco con fijeza durante un par de segundos, volvió a escoger otra varita algo más larga y de madera más flexible. Esta vez, el resultado se tradujo en un chisporroteo desagradable.
-Definitivamente, nada de unicornios-murmuró el anciano, rebuscando de nuevo entre los cajones. La siguiente varita tampoco parecía sentirse a gusto con Draco y Ollivander casi sonrió de entusiasmo-. Por las barbas de Merlín, ¡hacía tiempo que no me equivocaba tres veces seguidas! Qué interesante... Veamos esta... Veinte centímetros, espino blanco, pluma de fénix.
En cuanto tuvo la varita en la mano, Draco sintió un calorcillo recorriendo su brazo que revelaba que había sido escogido.
-Wingardum Leviosa-dijo, señalando una de las varitas que había sobre el mostrador y haciéndola alzarse en el aire.
-Perfecto, perfecto.
-¿Pluma de fénix?-inquirió Snape-. ¿De Fawkes?
-No, Fawkes sólo dio dos plumas.
-¿Qué ocurre con las varitas con núcleo de pluma de fénix?-preguntó Draco.
-Suelen escoger a magos que de un modo u otro tienen más de una vida. Es una varita muy flexible, ideal para encantamientos, pero también muy temperamental. No te fallará en los momentos de peligro.
Draco miró a Snape y comprendió que estaba deseando decir algo fuera del alcance de Ollivander, así que pagó con el dinero que le había prestado su antiguo profesor. Antes de salir de la tienda volvió a ponerse la capucha.
-¿Por qué has preguntado si se trataba de una pluma de Fawkes?
-Las varitas de Quien-tú-sabes y Potter tenían un núcleo de pluma de Fawkes. Potter acudió a la última batalla con otra varita para evitar un priore incantatem en medio de una pelea con el Señor Oscuro.
-Bueno, Riddle está muerto y no pienso pelearme con Potter. Al menos no por ahora-añadió, con un brillo malicioso en los ojos más fruto de la costumbre que de verdadero sentimiento.
-Sigue siendo tan irritante como siempre.
-¿Sabes que lo vi al salir de Azkaban? Había ido a hacer algo allí.
-Iría a interrogar a algún mortífago. Recuerda que algunos aún siguen huidos.
Draco asintió, sin sentir demasiado pesar por los fugitivos porque, sencillamente, era muy posible que cualquiera de ellos intentara matarlo por traidor si se los cruzaba. Y sin embargo... Bueno, uno de los que habían escapado tras la muerte de Voldemort era el padre de su ex novia y si el viejo Parkinson conseguía huir de los Aurores y no trataba de asesinarlo, Draco no pensaba protestar muy alto.
-Potter es idiota. Dejó pasar una oportunidad única de insultarme. Lo vi bastante... apagado, para ser el maldito héroe del mundo mágico y todo eso.
-Trato de pensar en él lo menos posible, Draco. Te agradecería que no lo eligieras como tema de conversación.
Aquello traía recuerdos de los años en Hogwarts y Draco hizo un ruidito entre despectivo y divertido, si bien se sintió un poco decepcionado por no poder enterarse de más cosas. Siempre había estado al corriente de casi todo lo que le pasaba a Harry, aunque fuera con el objetivo de usarlo para hacerle daño.
-Deberías marcharte ya, Severus. Tienes clase dentro de quince minutos.
-He hablado con McGonnagall, puedo tomarme la mañana libre.
-No necesito una niñera. Vete a Hogwarts. Yo iré cuando acabe de hablar con McMillan y te contaré lo que me ha dicho.
-¿Estás seguro?-Draco asintió-. De acuerdo. No te quedes remoloneando por la zona, Draco. Ve directamente al Ministerio.
-No te preocupes-dijo, con una mueca arrogante, señalando su nueva varita. Con ella se sentía como si ya no tuviera nada que temer-. Lo único bueno de estar entre mortífagos es que aprendes una buena cantidad de trucos desagradables.









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